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Polemizando

Defendamos nuestro vino

No creo que haya que especializarse en Marketing para cumplir las reglas elementales del comercio, pero no vendría mal capacitar sobre el tema a todos los que ponen su rostro ante el pueblo como vendedores o prestadores de servicios. Y no me voy a referir al recurrente maltrato, a lo que se ha dado en llamar falta de sentido de pertenencia, en el que hemos visto caer incluso  a trabajadores por cuenta propia, que nos inhiben en ocasiones de volver a reclamarle sus servicios.  He visto en una Shopping como el cliente manipula decenas de esas losas muy bellas y carísimas, sin ningún ojo que lo supervise. Se pudiera explicar el alto por ciento de unidades rotas. Después se les da baja en la contabilidad.  Pero tengo un remolino de ejemplos en la mente que delatan cuanto les falta a quienes venden para cumplir el axioma martiano de quien compra manda. Alguien podría explicar como es posible que el vendedor de un mercado agropecuario le diga al presunto comprador: esa calabaza ni la compres que está malísima. O que el jefe de una unidad  productora, que es dueña de las novillas,  las demerite ante el posible comprador.  Cosas veréis Sancho, repetiría El quijote.  No exagero. Personas que me escuchan saben que es verdad que lo han enviado hacia el particular para desbloquear un celular, para no hablar de las famosas piezas de repuesto que se desparecen de las unidades estatales y nunca faltan al privado. Ellos siempre hacen “Un esfuerzo” y la encuentran para luego cobrarte un ojo de la cara, y algunos en el dichoso CUC, en terapia intensiva pero desafortunadamente vivo todavía. Y conozco a quien ha estado varios meses para arreglar su olla reina, a goteo, pieza a pieza, y por cada una hay que pagar la mano de obra aunque te la hayas llevado en el bolsillo. Pero el colmo me lo acaban de contar. Ante el interrogatorio de un señor en una Shopping al ver el nuevo televisor de factura nacional,  el vendedor le confirmó sus cualidades, incluyendo el acceso a la señal digital y puerto para memoria.  Y ante el entusiasmo del cliente recibió como respuesta. “Lo único malo es que es cubano”.  

Expongo anécdotas no con el objetivo de asombrar a nadie. Intento trasmitir cuanto nos falta para incorporar el espíritu de propietarios en nuestros trabajadores, que no se gana con arengas. Y que nunca olvidemos aquello que Martí nos dijo sobre el vino nuestro.  

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