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Polemizando

De Carola a Esperanza: rindamos honor a la mujer rural

 

Como no voy a conocer los valores de la mujer rural, si desde que nací la he visto transitar por los caminos polvorientos de la vida. Carola puede simbolizarla bien. Tuvo 12 hijos y la suerte de que solo uno quedara varado en el camino sin poder trascender la niñez. Supo de la angustia del hambre y agradecía que el dueño le prestara una vaca al esposo a cambio del ternero convertido en toro cebado. Cuando la vaca dejaba de dar leche debía alimentar de nuevo a su prole con agua y azúcar. Como voy a creerle a los nostálgicos de un pasado inventado. Carola sabía que aquello del bohío no era vida, y si lo era, de todas formas la perdió, joven todavía, porque lo que ella llamaba jaqueca en realidad se trataba de hipertensión arterial, y entonces no había médicos por aquellos campos. Angélica su hija aprendió de la tristeza, que puede educar mas que la alegría, pero ninguna tragedia podía apartarla de su campo. ¡Tanto era su amor a la tierra, a las palmas y a las siembras!. Se hizo técnica en agronomía, y a los secretos a que tuvo acceso su mente ágil, y la paciencia para ver germinar una semilla depositada sobre la tierra fértil, sumó los conocimientos adquiridos. Bien que los pudo aplicar en la Cooperativa, y ella se enorgullece del respeto y el cariño con que la tratan los campesinos. Ya no vive en el bohío de Carola, ni debe cargar el agua en cubos desde el lejano pozo, ni dar paleta a la ropa ennegrecida con la merluza de tabaco sobre la gran piedra que el río serpentea. En su confortable vivienda de hoy ya no hay chismosas ni faroles. Hay de todo y más de lo que vemos en cualquier hogar de la ciudad. Tiene en la sala, Angélica la agrónoma, como le dicen todos, una formidable biblioteca personal donde abundan los libros de botánica y no creo que le falte el instructivo técnico de ningún cultivo. Pero su mayor tesoro es Esperanza, su avispada niña de siete años, la nieta de Carola, que ya monta caballos. Solo deja tranquilos a los cerdos, carneros y gallinas para rebuscar entre los libros, mientras dice a todos que ella será veterinaria. No tengo dudas de que Esperanza seguirá viviendo y aportando en el campo cuando crezca. ¡Que magnífica noticia, porque, nos hace tanta falta la mujer rural!.

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