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Polemizando

Educad a los niños....

 

“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”, dijo un griego ilustre. La familia y la escuela son las manos que moldearán ese diamante sin malicia que no sabe de envidias, celos, dobleces y otros defectos que suelen surgir en la adultez cuando no fue sólido el cimiento fraguado en la niñez. Ya los científicos han demostrado que hay una porción del cerebro que guarda acucioso los recuerdos de la primera etapa de la vida y por eso recordamos mejor pasajes de la infancia que los ocurridos poco tiempo atrás. Por eso alerto sobre algunos hábitos que ante el peligro de generalizarse debieran ponérsele al frente una muralla, como la del poeta, que se abra solo ante los que forman valores y se cierre ante el mal, en ocasiones propagado ingenuamente. Toca a la escuela un peso decisivo. No inyectamos al niño el afán investigativo con espinosas tareas que ponen en jaque hasta a los padres, deseosos de complementar lo aprendido en las clases por sus hijos. No en cada hogar hay una computadora. Cuando tiene acceso termina muchas veces el estudiante, navegando entre enciclopedias cuyos enfoques tienen el tufillo occidental y no todos sabemos descubrir falsedades adornadas. Corta y pega para cumplir tareas, pero lejos de aprender, el alumno se aleja del empeño por forjar mejores adultos cada día. Recuerdo de memoria aquel pedido educativo con que nos recibía cada texto en la escuela: “Este libro en tus manos de estudiante es instrumento de trabajo para construir tu educación. Cuídalo para que sirva también a los compañeros que te siguen”. Me impresionó tanto leer entonces por ejemplo aquel discurso de Martí sobre el vil fusilamiento de los estudiantes de medicina que aún puedo recitar algunas ideas. El apóstol tácitamente me invitaba a indagar sobre el periodista Gonzalo Castañón e imaginar a Federico Capdevila con su espada al aire en viril postura defendiendo a nuestros jóvenes inocentes y con ello aprendí también que la lucha no era contra los españoles sino contra el dominio colonial. En todo ello pensé, cuando una niña en delicado gesto me pidió ayuda para cumplir la tarea que le pusieron de pintar a los 8 estudiantes de medicina, a mí que nací mutilado para las artes plásticas. ¡Como si pintarlos fuera tarea fácil!. ¿Acaso no educa mejor leer la Edad de Oro, o aquel libro titulado “Oros Viejos” con que otro español ilustre como Herminio Almendros logró entusiasmar nuestras pupilas infantiles?.

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