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Polemizando

Con la ley a mano

Cualquier cubano sabe recitar sus derechos, algunos ni siquiera soñados en la mayoría de los países, como la posibilidad de hacerse universitario sin pagar un centavo. Tampoco ignoro que en muchos lugares somos estafados, lo mismo en una unidad estatal, que por un cuentapropista o por delincuentes comunes y has de andar avispado cada segundo para tratar de impedirlo. Digo que debiéramos andar y no es simple metáfora, con una pesa en un bolsillo y la carta magna en el otro. De la constitución cualquier persona conoce  lo estipulado por el artículo 41: todos los ciudadanos cubanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes. Desde niños nos inculcan el principio de igualdad de los seres humanos, pero después la sociedad con sus deformaciones crea desigualdades y no es quien mas aporta, sino que muchas veces los más astutos o los que actúan ilegalmente los que mejor situación económica ostentan. Por eso muchos ansiamos una aceleración del proceso que debe llevar a cumplir lo establecido por el artículo 45 de la carta magna y que se nos pague a cada cual según nuestro trabajo.  La familia tiene por ley responsabilidades y funciones, y no solo de los padres con sus hijos, también de los hijos con sus padres. Crece el deprimente espectáculo de quienes deambulan por las calles, bucean en latones de basura, asedian turistas, e incluso de los que ya ni se inmutan al pasar junto a un ser humano  tendido sobre el suelo. Jamás podremos acostumbrarnos a ver tales hechos como normales y son los hijos de esas personas los primeros irresponsables que están violando su deber expresado claramente en la constitución. Con fuerza similar hay que exigir que se cumpla el artículo 64 que plasma el deber de cada ciudadano de cuidar la propiedad pública y social, acatar la disciplina del trabajo, respetar los derechos de los demás, observar las normas de convivencia socialista y cumplir los deberes civiles y sociales. Tampoco se debe hacer la vista gorda ante el artículo 66 que instituye, como deber inexcusable de todos los ciudadanos, el cumplimiento estricto de la constitución y de las leyes. Esa debe ser la base suprema para ir revirtiendo el deterioro  de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás, sobre los cuales enfatizó el compañero Raúl en su reciente discurso ante el parlamento nacional.               

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