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Polemizando

Gabriel García Márquez y el hábito de fumar.

Gabriel García Márquez y el hábito de fumar.

 

 

Que logramos con apagar un día los cigarros y tabacos, pensaba el pasado 31 de mayo, día mundial sin fumar. Una semana antes había decidido no tocar jamás un cigarrillo. Y lo que más me motiva es demostrarle a las personas mas cercanas que ahora si es en serio porque saben que no es la primera vez que dejo de fumar.  No resulta fácil.  Lo demuestro solo  con leer un fragmento de las memorias del premio Nobel Gabriel García Márquez,  genio de la literatura latinoamericana.

“ Por la pulmonía me habían prohibido fumar pero fumaba en el baño como escondido de mi mismo. El médico se dio cuenta y me habló en serio pero no logré obedecerle. Ya en Sucre mientras trataba de leer sin pausa los libros recibidos, encendía un cigarrillo con la braza del otro hasta que ya no podía más y mientras más trataba de dejarlo más fumaba. Llegué  a cuatro cajetillas diarias, interrumpía las comidas para fumar y quemaba las sábanas por quedarme dormido con el cigarrillo encendido. El miedo a la muerte me despertaba a cualquier hora de la noche y solo fumando podía sobrellevarlo hasta que resolví que prefería morirme a dejar de fumar. Más de veinte años después, ya casado y con hijos, seguía fumando. Un médico que me vio los pulmones en la pantalla me dijo espantado que dos o tres años después no podría respirar. Aterrado llegué al extremo de permanecer sentado horas y horas sin hacer nada más porque no conseguía leer, o escuchar música o conversar con amigos sin fumar. Una noche cualquiera durante una cena casual en Barcelona un amigo siquiatra le explicaba a otro que el tabaco era quizás la adicción más difícil de erradicar. Me atreví a preguntarle  cual era la razón de fondo y su respuesta fue de una simplicidad escalofriante. –Porque dejar de fumar sería para ti como matar a un ser querido. Fue una deflagración de clarividencia. Nunca supe por qué ni quise saberlo, pero exprimí en el cenicero el cigarrillo que acababa de encender y no volví a encender uno más sin ansiedad ni remordimientos en el resto de mi vida”.  

Si García Márquez pudo imponerse a sus angustias, los demás también podemos. No solo debemos proteger nuestra salud y la de quienes nos rodean, tenemos motivos adicionales para no fumar.  Una cajetilla cuesta la mitad de nuestro salario diario, podríamos destinar ese dinero a lo que resulte verdaderamente imprescindible.  Y otra más, para no sufrir las consecuencias de la ineficiencia administrativa como la que se presume de la carta enviada por Epifanio Muñoz desde Buenavista el pasado 14 de mayo. “No hay cigarros en este municipio desde hace una semana, están almacenados en Cubatabaco de Remedios y comercio no los puede comprar allí porque no tiene dinero para pagar”.

 Estoy llegando a la conclusión, aunque entre en contradicción con los criterios de siquiatras y otros especialistas, y quizás hasta del propio García Márquez,  de que es más fácil dejar de fumar que resolver el problema de las cuentas por cobrar y  por pagar.

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1 comentario

jesus ramon gonzalez villavicencio -

Los seres humanos,somos seres de costumbres,debilidades y fortalezas.Indiferentemente de la etiqueta,somos susceptibles a lo prohibido y a lo que nos perjudica,por la influencia colectiva.Cuando lo hormonal prealece sobre lo neronal,sabemos los resultados.Hay que cultivarse para entenderse y superar esos baches del intelecto,que nos hacen vulnerables y proclives a lo que tememos.
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