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Polemizando

¿Por qué tan pobre la cosecha de la papa de Villa Clara?


Regresó la papa a los mercados de Villa Clara después de estar ausente durante varios días por razones subjetivas. Ya se extraen más de mil quintales diarios del frigorífico para cumplir la indicación nacional de venderla toda en la red de 42 mercados estatales de la provincia y desocupar cámaras cuanto antes para ahorrarle energía eléctrica al país. Se perdió mucho tiempo y se propició la incertidumbre entre los consumidores que no tienen forma de explicarse el bache en la oferta.  Está bien que falte en agosto, septiembre u octubre, pero no en abril y mayo. Este es otro punto negativo que se suma al hecho de estar en presencia de una de las peores cosechas de los últimos años.  Después de tres años consecutivos en la vanguardia del país, cayeron los rendimientos en  Villa Clara a 18,7 toneladas por hectárea. Podrá explicarse que el invierno fue caluroso,  que fue un maratón la preparación de tierras y la siembra por las lluvias de septiembre y octubre pasados, y es verdad, pero con el mismo clima  Matanzas y Sancti Spiritus logran más de 23 toneladas por hectárea. Si esas provincias parecieran lejanas geográficamente digamos que aquí mismo en Villa Clara la empresa de Sagua la Grande alcanza rendimientos de 23, 7  toneladas por hectárea y Santo Domingo 22,8., mientras en Remedios fueron de apenas catorce. Nadie ha sido beneficiado con un clima especial, lo que diferencia un rendimiento de otro es la atención al cultivo, el especial cuidado que reclama la papa después de gastarse el país decenas de millones de dólares en semillas e insumos. Con ese espíritu crítico debe analizarse a mi manera de ver  lo que ocurrió en cada lugar, máquina a máquina.  Hay un déficit de casi dos mil toneladas del apreciado  alimento que no se puede tapar con ninguna otra vianda, pero bueno, se puede paliar un poco la situación sembrando de inmediato cada hectárea cosechada,  de boniato que bien escaso está. Existe el combustible y nada podría justificar la demora. Tienen nombres y apellidos los que responden por cada una de las 536 hectáreas plantas y la alimentación del pueblo es cuestión sagrada.

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