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Polemizando

Sobre los precios de los productos agrícolas.

Sobre los precios de los productos agrícolas.


No abordo con ánimo populista el tema de los precios de los productos agropecuarios en busca de aplausos sino como punto de análisis en reclamo de racionalidad. Y cuando se realizan experiencias son solo eso, experiencias, tratando de encontrar el camino correcto. No creo que haya demostrado eficacia por ejemplo la aplicada en la Habana de pasar los mercados de acopio a comercio interior. Considero que no fue bien razonada la aplicación de precios de compra centralizados desde la capital de varios productos, sin posibilidad de bajarlos y sin consultar siquiera la opinión de las direcciones provinciales de la agricultura. El plátano burro se estaba pudriendo en los mercados de Villa Clara hace apenas unos meses a 55 centavos la libra. Ahora indago y nadie sabe a quien se le ocurrió subir de un plumazo su precio de compra a 75 que obliga a venderlo a no menos de 95 centavos la libra. Se repite la historia de la yuca cuando se puso a  1,15 la libra, precio cuestionado por abusivo por los propios campesinos en el último congreso de la ANAP en el que tuve el honor de participar.  Muchos precios  actuales violan todas las reglas de la economía, comenzando por el costo y ello trae después que se pudran en los mercados estatales porque no se compran. ¿Cuántos quintales de naranja se perdieron recientemente en Santa Clara, no porque los consumidores estuvieran saturados, sino por su altísimo precio, a peso la libra, incongruente con su calidad? Y la cebolla blanca, y la Fruta Bomba, o la harina de maíz, señores, a 3 pesos por Acopio y a 2,40 en las unidades de comercio interior. Si vamos a los precios para la industria se estremece el cerebro. El tomate para pasta que le ahorra divisas al país se pagará de 55 a 73 pesos el quintal, pero el mismo tomate para consumo es a 140 pesos para no hablar del que se vende a la vista de todos a un precio, absurdo para enero,  en carretillas y mercados de oferta y demanda. Lo mismo ocurre con el mango, materia prima para la compota de los niños, y otras frutas.  No creo que exista nadie dotado de inteligencia excepcional para cambiar precios desde oficinas alejadas del campo. Los consejos de la administración,  provinciales y municipales están más cerca. Y cuando el compañero Raúl insiste en tener los oídos pegados a la tierra, nadie está autorizado a interpretar que excluye el tema de los precios de los productos agrícolas, ubicados en la cima de la sensibilidad popular.   

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