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Polemizando

OBAMA SE DESENMASCARA.

OBAMA SE DESENMASCARA.


A un año del incidente del Cheonan, hundido el 26 de marzo de 2010

Todo presidente estadounidense ha buscado su propia guerra para trascender en la historia y apuntalar los objetivos geoestratégicos del Imperio Yanqui. Cada etapa ha tenido sus matices pero los métodos apenas han cambiado. Barack Obama acaba de encontrar la suya cuando su popularidad descendía peligrosamente, olvidando el Nóbel de la paz que recibió gratuitamente. Su rostro angelical, su léxico inteligente, el carisma y buen manejo del escenario con sapiencia indiscutible lo convierten en un personaje atractivo y la vez siniestro que no ha cambiado un ápice la política guerrerista de la principal potencia, tras despojarla de la impopular retórica de su antecesor republicano. Si existiese un Nóbel para el cinismo y la hipocresía, no habría rival para discutírselo.  La historia de Estados Unidos está plagada de pretextos e incidentes para provocar la guerra. Todavía se desconocen las verdaderas causas de la explosión del Maine el 15 de febrero de 1898 cuando los mambises se acercaban a la victoria, que fue tomado como pretexto por el gobierno Yanqui para intervenir en la guerra de 30 años que libraban los cubanos por su independencia de España y tratar de cumplir su viejo sueño de apoderarse de la isla. ¿Por qué remolcaron en 1912 los restos del buque hasta las aguas profundas y los hundieron?. ¿No estarían escondiendo posibles evidencias para que no se conociera jamás a los verdaderos responsables de la tragedia?

Se reconoce hoy que a Estados Unidos llegaron informes con tiempo suficiente para evitar el desastre de la Flota de Pearl Harbor en diciembre de 1941, pero era necesario lograr la indignación máxima del pueblo norteamericano con un hecho atroz para intervenir en la segunda guerra mundial.

¿Quién organizó el atentado contra John F Kennedy y a quien beneficiaba su muerte?

La fuerza de los medios continuó creciendo y ya su sucesor Lyndon Johnson pudo regar por el mundo en agosto de 1964, el supuesto ataque a dos buques norteamericanos en el Golfo de Tonkín que despertó ánimos de venganza entre los estadounidenses, quienes “comprendieron entonces” el comienzo de los sanguinarios bombardeos a Viet Nam del Norte. ¿Cuándo se sabrá la verdad sobre los horribles atentados del 11 de septiembre del 2001, que nadie necesitaba más que Bush para “legitimarse” después del fraude electoral que lo llevó a la presidencia? ¿Qué tal le irá la vida al célebre terrorista Osama Bin Laden, engendro de la CIA para enfrentar a los soviéticos en Afganistán? ¿No abrió acaso el camino a Estados Unidos hacia su viejo sueño de dominio mundial? No hay que ser suspicaz para pensar que Washington está interesado en no atraparlo. Todavía no han aparecido las armas de destrucción masiva de cuya tenencia fue acusado Saddám Hussein, y después de provocar centenares de miles de muertos en la población civil, a los promotores del genocidio les basta con reconocer que fue un “simple error”. Los niños, mujeres y ancianos caídos por millares  bajo las bombas en Afganistán e Irak han sido solamente  “daños colaterales”. Todavía la humanidad no conoce quien hundió por fin al buque surcoreano Cheonán. Amenazaron a los norcoreanos, pero no lograron amedrentarlos, y como conocieron el valor de sus hijos en aquella terrible guerra bendecida por la ONU, están a la espera del “momento apropiado”. Con Irán la conducta es similar. Saben que la pelea sería encarnizada y no desean correr riesgos mayores por ahora. Libia es otra cosa. Lograron la complicidad de las potencias imperiales y el silencio de los que nunca debieron callar. No había que defender al gobierno de Moamar al Gaddafi, sino la carta de la ONU que no da derecho a ningún país a intervenir militarmente en aquel lamentable conflicto interno, violando la soberanía nacional del estado libio.  Pero aquí el pretexto rompió las barreras del cinismo. El objetivo expreso de la intervención militar es “evitar la muerte de civiles” y en los primeros días ya se reportan más de cien fallecidos entre las personas ajenas al conflicto. ¿Podría alguien acusar a esos niños muertos de ser gadafistas u opositores?. “Maldito sea el petróleo”, podría exclamar Alá al contemplar el genocidio de sus hijos inocentes.

Las potencias se reparten de nuevo las riquezas de este mundo como en los tiempos en que las armas europeas exterminaban a los indios portadores de flechas. La diferencia tecnológica sigue siendo enorme, pero las ideas pueden más que la fuerza. En tiempos de terroríficas armas nucleares los errores pueden provocar el fin de la vida en el planeta tras desatarse una guerra atómica. El líder cubano Fidel Castro lo ha alertado más de una vez. El imperialismo está fomentando varios frentes de guerra al mismo tiempo en momentos de crisis económica sin precedentes. Los pueblos se revelan contra el hambre. Parece resonar nuevamente aquel llamado del Che a crear “dos, tres, muchos Viet Nam” . Obama perdió la oportunidad de ayudar a cambiar la estropeada imagen de su país, traicionando su origen, su raza, y sus promesas. Ha terminado su carrera política convertido en halcón.  Pero la historia seguirá su curso si antes no desaparece estúpidamente la especie humana. No olvidemos que todos los que han pretendido gobernar el mundo han tenido al final su Waterloo. Y el planeta viene necesitando un nuevo Nuremberg.

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