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Polemizando

Mandela echó su suerte con los pobres de la tierra

Mandela echó su suerte con los pobres de la tierra

 

 

 

La historia no excluye lo fortuito. Cuando pasen los años y los siglos no dudo que muchos en el mundo por venir se preguntarán como pudo ser posible que en un mismo año, el 2013,  la humanidad sembrara para siempre a dos líderes de la estatura de Chávez y Mandela. Uno siente el orgullo de haber sido su contemporáneo porque ellos son de esos timoneles insólitos que por su química especial se implantan en el corazón de los demás. A Chávez lo vi de cerca en el Plaza del Che  cuando nos conmovió con  su Aló Presidente. De Mandela disfruté  estando en Angola, su salto invicto  hacia la libertad en aquel febrero del año 90. Fue esa tierra africana la que posibilitó su libertad con la victoria de Cuito Cuanavale, donde se fundió la sangre de cubanos, angolanos y namibios. No tuve la dicha de verlo de cerca como a Chávez pero lo sentí cercano desde niño cuando ya admiraba al héroe en su oscura celda,  donde sus captores pretendían que su vida concluyera  con la sentencia de cadena perpetua, mientras  inspiraba a escritores, poetas y cantores por diversas latitudes. Recuerdo nítidamente su presencia en aquel acto del 26 de julio en Matanzas en 1991, a escasos meses de recuperar su libertad y cuando Cuba se disponía a enfrentar el período especial, que ha sido la mayor prueba de su gloriosa historia. Fue cuando Fidel nos dijo “¡Cuan lejos hemos llegado los esclavos!”  Y agregó que si se quería “tener el ejemplo de un hombre absolutamente íntegro... de un hombre inconmoviblemente firme, valiente, heroico, inteligente, capaz, ese ejemplo y ese hombre era Mandela”. El gran líder africano logró enardecernos cuando afirmó que “el pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África” y se preguntaba  “¿Qué otro país puede mostrar una historia mayor de desinterés que la que Cuba ha escrito en sus relaciones con África?”   Nelson Mandela ha muerto en el clímax de la gloria, reconocido por la humanidad entera, incluso por los enemigos de ayer.  Fue un hombre extraordinario con pensamiento inclusivo. Sabía perdonar aunque no olvidara. Pero sabía también quienes eran sus amigos verdaderos como los cubanos que jamás le fallamos, cuando otros lo acusaban de terrorista. La historia está ahí y no puede borrarse. Una vez dijo:  “En la cárcel me preocupaba ser considerado un santo que nunca fui, incluso si se define a un santo como un pecador que sigue intentándolo". Debemos recordarlo como al líder que trasciende su época, porque como el mismo dijera recordando Martí, “echó su suerte con los pobres de la tierra”.

 

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