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Polemizando

La paja en el ojo ajeno.

 

Crece la tendencia a ver siempre los problemas de los demás que nos aleja del camino que conduce a las soluciones definitivas e integrales. El que nunca tomó un hacha en sus manos o una guataca a las 12 del día habla con elocuencia de la necesidad de acabar con el marabú que infesta nuestros campos sin documentarse siquiera en que jamás se ha limpiado más la campiña de esa planta indeseable que durante los últimos años. Es lo que podría llamarse metafóricamente marabú mental, que constituye una verdadera epidemia que ves por todas partes. Los que así actúan olvidan que solo juntos podemos. Sabemos que el escenario ha sido áspero desde la década del noventa, pero no debemos olvidar aquella frase que repetían orgullosos nuestros padres: “pobre pero honrado”. O para decirlo con palabras del campesino cifuentense Eulalio Calviño, “si permites que tu hijo traiga hoy un huevo sin saber su procedencia, mañana traerá un ternero”. Hagámonos cada noche antes de dormir una resonancia magnética sobre nuestra conducta diaria, y hablo de cuestiones serias, no de la falsa pureza que puede embellecer un léxico alejado de la vida real. La unidad nos ha siempre la victoria y viceversa. Por eso el compañero Raúl insiste tanto en que haga cada cual lo que le corresponde. Toca al campesino producir, al médico curar, al dirigente conducir con eficacia, al maestro enseñar,  y al periodista decir la verdad. Y hasta el burócrata imprescindible puede ser eficiente. Que nadie crea que ya todo lo hace bien. Pongo ejemplos que salieron del pueblo  en un reciente programa Alta Tensión. Acaso no sabemos cuales son las unidades donde se adultera el ron o el robo desfachatado en la venta de cerveza a granel. Por cierto, esa cerveza casi nunca llega a tiempo cuando es para colectivos consagrados. Mi última experiencia negativa fue en la cooperativa  Diosdado Pérez de Amaro. La molotera  donde deben coincidir vagos habituales y personas decentes parece ser el escenario ideal para obtener ganancias más estimulantes. Son problemas totalmente subjetivos y me niego a aceptar que deben pasar los años sin tener solución. Es solo un ejemplo para reclamar el cumplimiento del deber, el enfrentamiento de cada cual a su propia ineficiencia.   

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