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Polemizando

Las computadoras pueden dañar.

Las computadoras pueden dañar.

 

Quizás no lo crean pero conozco un campesino que luego de sumar en  la calculadora las cifras de dinero de sus ventas a Acopio, toma papel y lápiz y saca la cuenta a mano, para comprobarla, según él.

Lo veo como un toque original de mayor confianza en si mismo que en la tecnología. Y en eso coincido con él, porque jamás las máquinas podrán sustituir el papel de los hombres, dotados de racionalidad.

 No abogo por copiar  la conducta de los obreros ingleses que quemaban las máquinas durante la revolución industrial  ante el temor de quedar sin empleo, pero si creo que dañan las nuevas tecnologías mal usadas.

En las computadoras podrán ser más bellos los informes, y ya cualquiera te hace un Power Point, pero lo más importante es que los números no reflejen incumplimientos o repitan los mismos problemas del año pasado. Puedo asegurar que en algunas ramas, y tengo ejemplos concretos, solo hace falta prácticamente cambiar la fecha y algún que otro número, cortar y pegar. El viejo Guido de la subdelegación de cultivos varios, como recuerda en ocasiones Enel Espinosa , el delegado de la agricultura en Villa Clara, llevaba a lápiz cada cifra, y usted le podía preguntar a cualquier hora del día, las caballerías sembradas de cualquier cultivo o cada quintal acopiado. Ahora, a pesar de las tecnologías avanzadas resulta más difícil saberlo porque muchas veces no suben las estadísticas desde la base productiva y usted se encuentra que salen de pronto las hectáreas sembradas en la última semana. Yo imaginaba que a esta altura, iba a estar en el disco duro de las computadoras la “historia clínica” de cada dueño de tierra, con su área, cultivos, implementos, necesidades, ventas al estado. La dirección de la agricultura, enfrascada en la recuperación de las vaquerías típicas, hará un expediente a cada vaca, hasta con las fotos, para que nadie pueda cambiar la blanca por la pinta y contribuir así además a evitar el delito. Hay que apropiarse de las nuevas tecnologías para usarlas en beneficio  del perfeccionamiento de nuestro trabajo, porque nadie podría negar el encanto del fotógrafo cuando  buscaba el enfoque adecuado con su vieja cámara aunque digitalmente hoy se puedan hacer maravillas.

 En algunos aspectos de la vida no dudo de las ventajas de seguir a la antigua, porque hay valores por ejemplo, como la moral y la vergüenza, cuyos rasgos resisten victoriosos el empuje de las nuevas tecnologías.

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