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Polemizando

Si Cuba cambia, también la prensa debe hacerlo.

Si Cuba cambia, también la prensa debe hacerlo.


No es oficio el periodismo cubano, es una profesión, decantada en estos años duros por la flaqueza material que genera a quienes la escogimos, las incomprensiones que la atenazan y la crítica nada mesurada que recibe desde muchos flancos. Pero aún así, quienes lo ejercemos porque de callarnos el corazón se rebelaría contra nosotros, sabemos que si el país cambia, también la prensa debe hacerlo. El pueblo sabe como oxigenar nuestro ánimo con su poder supremo para discernir las verdades. Sabe en primer lugar que urge transformar con mayor premura todavía el engranaje burocrático que traslada sus males a la prensa, la cual de tanto escuchar termina en ocasiones repitiendo hasta el lenguaje administrativista y tecnócrata. Porque nadie toma la mano del artista cuando pinta sobre el óleo, pero la del periodista debe esquivar con soltura y elegancia la de quienes se atribuyen el derecho a decidir lo que la gente debe o no saber, aunque la noticia corra siempre más ágil aún que el manantial y cualquier intento de impedirlo solo sirva para enturbiar sus aguas. El periodista debe aprender a sortear los elogios pueriles, mordaces discrepancias o agasajos, que lo puedan apartar un milímetro de la verdad. Debe ser ético en la crítica y tener además el valor de afrontar asperezas. ¿Que desea esconder el funcionario que no da acceso al periodista a la información?. ¿Por qué menosprecia de tal modo la labor de informar, o peor aún, arroja dudas al ambiente, al impedir la presencia de la prensa en su reunión?. El estilo es inherente a cada colega e irreverente afirmo que no cumpliría jamás indicación alguna que me sugiera encaminarme al triste plagio. Llegar hasta el fin de un tema es elogiable, pero es de un valor incuestionable apenas denunciar, después de investigar, lo que anda mal, porque el periodista no está obligado a completar su labor al responsable. Y exigir respuestas no corresponde solamente a los periodistas, que hemos dado pruebas de no ser simples espectadores del momento crucial que vive nuestra patria. Fue Marx quien escribió que “la censura rodea a cualquier libro prohibido de una aureola de martirio”. El compañero Raúl nos ha llamado a combatir y a cumplir nuestro rol. Puede resultar más cómodo puntualizar las culpas del entorno sin mirar hacia adentro, olvidando que la autocensura también daña. Cada cual tiene bien definida su trinchera, y debemos desterrar de una vez el periodismo lisonjero, teorizante y tedioso para llegar al corazón y el cerebro de la gente, lo que sería otra prueba de lealtad.

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